
La Jarjacha es una de las criaturas más temidas y peculiares de los Andes Centrales y del Sur del Perú, encontrándose principalmente en zonas rurales y pueblos aislados en las alturas. Su forma es terrorífica y, aunque varía según el relato, generalmente se le describe como una llama, alpaca o vicuña monstruosa con ojos que resplandecen con un fuego maligno. Lo más distintivo y lo que le da su nombre es el sonido espeluznante que emite en la noche: un grito o lamento gutural que se articula como «¡Jar-jar-jar!». Se dice que, al haber sido un humano, puede caminar erguida como una persona, aunque su aspecto es bestial y algunos relatos le otorgan cuernos o colmillos.
La existencia de la Jarjacha es un castigo de las deidades andinas o de la misma Tierra, la Pachamama. Esta criatura solía ser un ser humano que cometió el pecado capital del incesto o de la luxuria extrema, un acto que rompe las leyes sociales y el orden moral estricto de la cosmovisión andina. Por esta transgresión, la persona es transformada en el monstruo nocturno. Su actividad principal es acechar a otros pecadores o a quienes se aventuran solos en la oscuridad, asustándolos con su aterrador graznido y buscando convertirlos en cómplices de su maldad.
La leyenda popular advierte que si alguien escucha su grito, debe inmediatamente responder invocando el nombre de una deidad, o la Jarjacha podría acercarse peligrosamente. Hay un mito oscuro que sugiere que para revertir la maldición y volver a ser humano, la Jarjacha debe matar y devorar a un familiar cercano, pero la creencia más extendida es que está condenada a vagar eternamente como un espíritu maligno, sirviendo de advertencia a la comunidad para mantener la moralidad y las costumbres.
OJO: Me contaron que si escuchas ese grito horrible, tienes que gritar más fuerte o taparte con la sábana de lana de mi abuela. Yo no creo que pueda ser una llama mala, ¡las llamas son muy tiernas! Pero si veo una con ojos rojos en la noche, ¡voy a correr muy rápido a esconderme!