
La Yacumama (cuyo nombre significa «Madre del Agua» en quechua) es una criatura colosal y legendaria que habita en las profundidades de los ríos, cochas y lagunas más grandes de la Amazonía Peruana. Su forma es la de una serpiente gigante o anaconda de dimensiones míticas, mucho más grande que cualquier espécimen conocido, capaz de hundir embarcaciones y causar remolinos. Su cabeza es tan enorme que a menudo se le confunde con una isla rocosa o un tronco flotante, y se dice que puede tener una protuberancia en forma de cuerno o corona.
La Yacumama es la madre y guardiana de todas las aguas dulces y criaturas acuáticas en su territorio. Su existencia se debe a que es un ser primordial, asociado a la fertilidad y el poder destructivo del agua. Su acción es la de ser una depredadora implacable y territorial. Permanece la mayor parte del tiempo bajo el agua, donde absorbe la vida de los animales que se atreven a beber en su orilla, o espera a que las canoas y botes pasen para tragárselos con un poderoso remolino. Se dice que puede escupir un chorro de agua tan fuerte que aturde a sus víctimas.
El mito más extendido relata que la Yacumama es el terror de los pescadores y navegantes, ya que es capaz de cambiar el curso de los ríos o de crear neblinas densas para desorientar a sus presas. Los lugareños tienen rituales específicos para cruzar los ríos, haciendo ruido o cantando para asegurarse de que la criatura sepa que no se le está invadiendo o que no son una presa fácil. Se cree que solo puede ser ahuyentada o matada por chamanes poderosos que conozcan los conjuros necesarios para enfrentarse a su espíritu.
OJO: El pescador del pueblo nos contó que vio su ojo y era más grande que mi cabeza. Si no te asusta, puedes ir a pescar a su río y te da un montón de peces, pero si te ve, ¡te traga con el bote y todo! Yo solo nadaría en las partes donde el río es pequeño.